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Permacultura para mejorar los recursos humanos



Cuando se trata de llevar adelante proyectos, los obstáculos más difíciles se dan porque las personas que trabajan en ellos no logran llevarse bien. La permacultura, nacida como un sistema para diseñar terrenos agrícolas, y hoy utilizada para diseñar ambientes humanos sostenibles, puede dar una solución. El sistema se basa en tres principios éticos irrenunciables: el cuidado de la tierra, el cuidado de las personas y la repartición justa. Si alguno de ellos falta, la permacultura no existe. El diseño se basa en estudiar la naturaleza e incorporar sus patrones a sistemas agrícolas, organizando áreas de cultivo respetuosas con el ecosistema y lo suficientemente productivas como para sustentar a familias y comunidades. La principal herramienta de la permacultura es la zonificación, que planifica cómo se van a ordenar los elementos dentro del proyecto.


Partiendo de la zona cero, la división del suelo se irá extendiendo y alejando hasta la zona cinco, donde la intervención humana a la naturaleza es mínima. En la zona cero se ubica la casa; la zona uno es donde se desarrollan las relaciones sociales; las zonas dos y tres se se vinculan al diseño de comunidades y organizaciones; y las zonas cuatro y cinco se orientan a fortalecer los movimientos sociales, a la construcción de redes y al diseño de políticas públicas regenerativas.


¿Cómo puede esto ayudarnos a mejorar las relaciones humanas?


Haciendo un paralelo entre la zonas del paisaje agrícola y nuestras zonas de paisaje interior quedará más claro. La zona cero (casa) es nuestro ser interno donde podemos cultivar el autocuidado, la compasión, la filantropía, el amor, el entendimiento y la resiliencia. Desde aquí podemos aumentar nuestro bienestar mental, corporal y espiritual e inspirar a otros a hacer lo mismo. La zona uno (relaciones sociales) es nuestra capacidad comunicativa. Aquí debemos centrarnos en la calidad nuestras conversaciones y en la escucha profunda a otros, porque la calidad de lo que decimos determina nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos. Cambiemos nuestras conversaciones y crearemos un mundo distinto. Las zonas dos y tres (comunidades y organizaciones) corresponden a las zonas internas donde subyace nuestro carácter gregario. Aquí decidimos cómo queremos construir nuestra comunidad y cómo vamos aportar para alcanzar ese ideal. Puede ser desde un empleo con sentido, con nuestra participación colaborativa, desarrollando de un liderazgo con otros y no sobre otros, desde la no discriminación, o la igualdad de género. Las zonas cuatro y cinco (políticas, movimientos sociales) apelan a nuestro sentido de justicia y bien común. Desde aquí podemos crear alianzas, redes y movimientos sociales para impactar positivamente en la legislación sanitaria y lograr que se base en la prevención y tratamiento de las causas de las enfermedades y no los síntomas; en el diseño de sistemas educativos centrados en el cuidado del medioambiente, respetuosos de la sabiduría interna de los estudiantes y que incorporen un aprendizaje holístico abarcando mente, emoción y cuerpo.


La permacultura, hoy un verdadero modo de vida, es un poderoso instrumento para dar solución a todos los problemas que afectan a la humanidad. Cada pequeño cambio positivo que hagamos en nuestro interior es un avance hacia una civilización más evolucionada.


Si queremos cambiar el mundo, debemos comenzar cambiándonos a nosotros mismos.
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